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PROYECTO CONTINUUM

2013

24 items

Haciendo estas aclaraciones me permito hacer una corta enumeración de las propiedades que definen a los sistemas complejos:

Ahora bien, debemos resaltar la transdiscipinariedad que subyace bajo estos principios que rigen las propiedades y características de los sistemas vivos. Como se ha sugerido durante el capítulo, la comprensión sistémica de la vida cuenta con un potente y fecundo marco de comprensión para diferentes ciencias y campos de estudio, y considero, de acuerdo con lo investigado, que aún apenas se está descubriendo el verdadero alcance de una teoría omnicomprensiva -si se quiere holística- de las formas de vida en nuestro planeta. 

Para este apartado tomo los postulados de Humberto Maturana y Francisco Varela en la denominada teoría de Santiago de la cognición y los aportes de Fritjof Capra. Ésta consiste fundamentalmente en identificar el proceso de cognición con el proceso mismo de la vida. Según estos autores, la actividad implicada en la autopoiesis y autoperpetuación de las redes vivas, la que sustenta el principio del acoplamiento estructural de los sistemas vivos mediante bucles de retroalimentación es justamente un proceso cognitivo. Dado que toda relación de un sistema vivo con su entorno es una interacción cognitiva, podemos decir que la cognición y la vida son un mismo proceso. En este sentido, la mente es inmanente a la organización de la materia en cualquier nivel de vida. (Capra: 2002; 63)

El concepto de autopoiesis fue enunciado por primera vez por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela en 1971 y aunque su uso fue circunscrito inicialmente a los organismos biológicos, logró su ampliación epistemológica hacia la neurociencia y a la teoría de sistemas sociales, en la que quisiera detenerme brevemente. 

Siendo que uno de los objetivos de este capítulo es situar el proceso de desarrollo humano dentro de la evolución natural, debemos dirigirnos hacia una teoría que la comprenda en el más largo plazo, por tanto tenemos que resumir brevemente la historia del universo y su tendencia dinámica  -a pesar de la segunda ley de la termodinámica- hacia su complejización y diferenciación. Tenemos que referirnos entonces a los umbrales de evolución de la organización de la materia en el universo y los saltos en niveles de complejidad que corresponden a una transformación en los medios en el que se transmite la información dentro de los sistemas y en relación con su entorno. 

Los sistemas complejos o vivos cuentan con la capacidad de ganar experiencia y reordenar su patrón de organización en la medida que responden a las influencias del medio. Dicha propiedad de los sistemas complejos se establecen por los mecanismos de retroalimentación positiva o negativa con su entorno.10 Los bucles de retroalimentación, en términos técnicos, son la disposición circular de elementos conectados causalmente, en los que una causa inicial se propaga alrededor de los eslabones sucesivos del bucle, de tal modo que cada elemento tiene un efecto sobre el siguiente hasta que el último retroalimenta el efecto sobre el primer eslabón que inició el proceso. En tanto que haya un eslabón que se vea afectado por el último, hay autorregulación de todo sistema. (Von Bertalanffy: 2006; 46)

Si partimos del principio que toda forma de existencia en nuestro universo está inextricablemente atada a la materia, y dado que los sistemas vivos se hallan contenidos en éste ¿Podríamos decir que todo sistema vivo se puede explicar a partir de los principios físicos y químicos que rigen la organización de la materia?  

Para aproximarnos al estudio de la vida debemos tener en cuenta tres dimensiones fundamentales que la constituyen, a saber; la materia, la forma (o patrón de organización) y el proceso. La primera de ellas refiere a los componentes físicos/materiales que componen un sistema concreto. El patrón de organización alude a la configuración particular de las relaciones entre los componentes de un sistema que determinan sus características esenciales (forma).  Por último, la perspectiva de proceso adviertela importancia crucial del desarrollo y evolución1 de los sistemas complejos a través del tiempo, toda organización sistémica cuenta con una historia, representa en todo momento un registro de los cambios estructurales precedentes. 

Como he tratado de demostrar a lo largo de la investigación. El desarrollo de la especie humana ha estado anclada a la evolución natural y a las dinámicas de autoorganización y emergencia de la materia en nuestro universo. La aparición de la vida humana en aglomeraciones de organismos ha permitido la emergencia de un sistema orgánico superior, provisto de capacidad cognitiva.

Retomando los postulados sugeridos en el capítulo sobre los fundamentos del pensamiento sistémico, se puede decir que la acumulación de conocimiento humano con respecto a la realidad empírica representa el mecanismo de retroalimentación para la adaptación de la especie a su entorno. Como he descrito, se ha presentado en el proceso de la civilización una mayor efectividad en el proceso de acumulación de conocimiento de la especie con respecto a la dinámica y propiedades del mundo natural; las leyes físicas en la interacción de la materia, la composición química de los elementos, la fisiología del cuerpo humano, el funcionamiento de cuerpos neuronales, la comprensión de los organismos vivos y sus ecosistemas, la evolución de las especies, los fenómenos climatológicos, el movimiento de los cuerpos celestes etc.  

Esto ha permitido un mayor dominio y control sobre dichos factores. No obstante, debido a las limitaciones epistemológicas y cognitivas, ancladas aún en la lógica subjetivista y voluntarista para comprender los fenómenos sociales, el ser humano no ha logrado descubrir plenamente la autonomía constructuva del orden social de manera que pueda dominar y controlar los factores de riesgo que genera el sistema humano de relaciones sobre los individuos mismos. En otras palabras, nuestros mecanismos de retroalimentación positiva de los sistemas sociales y en particular del sistema social global no cuentan con el grado de desarrollo que se cuenta sobre el mundo natural. De igual modo, he señalado que la principal desigualdad en este proceso de adquisición de conocimiento, para la adaptación y modificación del mundo, se encuentra en la capacidad de los humanos para ejercer mecanismos de retroalimentación positiva sobre sí mismos.

Mi apuesta teórica sugiere entonces una forma concreta de aproximación epistemológica para potenciar los bucles de retroalimentación de las sociedades y los individuos para comprenderse y modificar positivamente su relación con el entorno, físico, social e interior. Siendo que nos encontramos ante una intrincada red de yuxtaposiciones sistémicas, me permito afirmar que la capacidad de desarrollar conocimiento más aproximado a la realidad del sistema social y del individuo, está dada por limitantes cognitivas y disposiciones materiales para la acumulación de información, y no porque exista una barrera ontológica/epistémica impenetrable que imposibilite el conocimiento y capacidad de transformación de las dinámicas del sistema social y del individuo consigo mismo. Solo a partir del proceso paulatino de la humanidad que supere
 
Ahora bien, la especie humana ha producido un conjunto de conocimientos que permiten diseñar y crear bienes y servicios que facilitan la adaptación del ser humano al medio ambiente y le permiten satisfacer tanto sus necesidades esenciales como sus deseos, a esto se le llama tecnología (Kaku; 2011). Ésta refiere a un conjunto de instrumentos, en los cuales hay una disposición muy concreta y específica de átomos que utilizan los seres humanos para mejorar sus condiciones de vida, para suplir necesidades, para hacer más eficiente un proceso y para extender nuestras limitadas facultades físicas y cognitivas. ¿Si ello es posible en los sistemas físicos y biológicos, y siendo que nosotros estamos atados a los mismos principios básicos de organización1, por qué no pensar en dirigir nuestro propio proceso social e individual?

Mi apuesta teórica busca apuntar al desarrollo de tecnologías en diferentes escalas de la realidad, de instrumentos metodológicos que cumplan las mismas funciones en otros tipos de organización sistémica, tales como el sistema social, el sistema neuronal, los ecosistemas y la relación del hombre con éstos. Pensar en tecnologías sociales y en tecnologías del yo interior, partiendo de los principios de retroalimentación de los sistemas, apunta a reducir paulatinamente la brecha en el conocimiento y en los logros alcanzados en el mundo natural con respecto al mundo social y del yo interior.

Por supuesto, con esto no quiero decir que estos mecanismos catalizadores de procesos en diferentes sistemas y escalas de la realidad no existan actualmente y que no hayan sido desarrollados de ninguna manera. A continuación citaré varios ejemplos para las diferentes dimensiones de la realidad diferenciadas en este proyecto. Mi intención es impulsar este tipo de aproximaciones en las ciencias sociales en general.

La especie humana ha presentado en los dos últimos siglos un progreso en su prosperidad material como ninguna época en la historia de las civilizaciones. Hoy, la humanidad vive por más tiempo, vive más saludable, está mejor protegida contra las enfermedades, los niños y las madres mueren mucho menos, está mucho mejor alimentada, padece menos de hambre, tiene menos riesgo de morir por catástrofes y accidentes, es más rica, tiene mejores viviendas, mejor entretenimiento, mayor acceso a más bienes y servicios, mejores y más baratos. Hoy la humanidad tiene más calorías, vatios, horas lumen, metros cuadrados, gygabytes, megahercios, transporte alimentario, fanegas por hectárea, kilómetros por litro, millas de vuelos, vacunas, vitaminas, armas, telenovelas y películas, zapatos, lavadoras, carreteras, litros de agua y leche, información, maíz trigo y arroz, neveras, penicilina, minutos para hablar a distancia, seguridad, libros y por supuesto dinero que ninguna época precedente. 

La principal crítica que resalta cuando se afirma un ascendente camino hacia la prosperidad material de la humanidad es el riesgo medioambiental que implica el crecimiento económico de las naciones. Por supuesto, el fenómeno más renombrado en nuestros días es el calentamiento global, a quien se le atribuye la capacidad de amenazar nuestro progreso económico y las condiciones de vida humana en nuestro planeta. Nuevamente debo hacer énfasis en la evidencia disponible.  

A pesar de que los accidentes y catástrofes suelen ser las noticias que ocupan las primeras planas de todos los periódicos, difícilmente un diario ha registrado el asombroso decrecimiento de las muertes provocadas por éstas causas en el mundo. Nuevamente en el siglo XX, la humanidad ha avanzado significativamente en la preservación de la vida humana frente a los fenómenos naturales. 

No obstante, el aumento del ingreso PIB per cápita es una medida nominal de dólares y por tanto debemos preguntarnos si dicho incremento del ingreso significa una mayor calidad de vida para las personas. Si afirmamos que hoy el mundo es más rico es necesario establecer esta medida por fuera del estricto valor pecuniario. 

En los últimos doscientos años, la humanidad se ha vuelto más rica que en toda la historia previa de la especie. Luego de un constante $40012  a lo largo de la mayor parte de la historia humana, pasamos la línea de los $700 en 1800 y doscientos años después, en promedio la especie humana es ocho veces más rica. (Lomborg: 2001; Pg 70) 

En 1798 Thomas Robert Malthus publicó el célebre Ensayo sobre el principio de la población, en el cual establecía que el crecimiento demográfico de las sociedades crece de manera geométrica (exponencial-2,4,8,16...) mientras que los recursos de alimento crecen aritméticamente (lineal 1,2,3,4...). La conclusión evidente señala que eventualmente las sociedades sufrirán un colapso al sobrepasar la capacidad de proveer alimentos para el continuo creciente número de personas. El razonamiento es de sentido común; mientras más personas nazcan en el planeta, mayor demanda de alimentos habrá, y dado que vivimos en un mundo finito, llegará inevitablemente el momento en que se producirá un desfase insostenible entre las bocas que requieren alimento y la capacidad de abastecerlas, entonces millares de personas morirán padeciendo inanición. 

A lo largo de la historia, la mayor parte de la población mundial ha sufrido de manera permanente hambre crónica como resultado de perturbaciones y deficiencias en la producción de alimentos debido a guerras, plagas y adversidades climáticas. 

Por supuesto, el valor más importante para analizar del bienestar humano es la vida misma. Cuando analizamos la expectativa de vida al nacer de toda la humanidad a lo largo del proceso de la civilización, nos damos cuenta que la mayor parte del mundo no ha superado los 30 años. De acuerdo con investigaciones arqueológicas se sabe que un ciudadano promedio del imperio romano se esperaba que viviera tan solo 22 años. Para 1400, un niño al nacer tenía una expectativa de vida al nacer entre los 20 y 30 años. (Lomborg: 2001: Pg 50)

No obstante, el desarrollo humano en términos de educación, encuentra una vasta desigualdad en cuanto a la proporción de hombres y mujeres en el mundo. Del 16% de la población mundial analfabeta, el 64% son mujeres y el correspondiente 36% hombres.  La medida que se utiliza para evaluar las diferencias de género en educación es el índice de paridad entre los géneros. Si el valor es igual a 1, no existen diferencias entre hombres y mujeres. Si el valor es inferior a 1, indica que las mujeres están en desventaja y si es superior indica que los hombres se encuentran en desventaja.

Difícilmente encontraremos a alguien hoy que esté en desacuerdo con promover la educación para la población de todos los países, pues se entiende que con ella se empodera a las personas para actuar sobre sus condiciones vitales, que está altamente correlacionada con la capacidad de tener mayores niveles de vida y generar riqueza, y que es fundamental para el desarrollo y realización personal. Además, la educación no solo amplía el espectro de comprensión general del mundo y del sujeto en él, sino que estimula la integración social y está relacionado con la transmisión de conocimientos, valores y creencias de una sociedad, necesaria para su reproducción simbólica. En últimas, la educación representa un valor social en sí misma. Ahora miremos las tendencias de la alfabetización en el mundo. 

En el presente ensayo hemos tratado el desarrollo social de la humanidad como una categoría aislada teóricamente del desarrollo material, y es importante reconocer que ésta distinción es una elaboración propia para fines de la investigación. El concepto de desarrollo debe entenderse como una construcción histórica, enmarcada necesariamente en el ámbito de las relaciones internacionales que se institucionaliza como un discurso mundial a partir de mediados del siglo XX impulsado por las naciones industrializadas.3 

De nuevo, el primer signo para analizar el bienestar humano con respecto a los riesgos que representa para sí mismo es la vida. Por supuesto, la violencia es la manifestación insigne del peligro que representamos los unos a los otros.  Para este punto en particular he tomado el trabajo del reconocido investigador Steven Pinker y su trabajo The better angels of our nature. Why Violence has declined (2011).En él se estudia el proceso de descenso de la violencia a lo largo de civilización humana en todos los niveles en que se presenta: guerras interestatales, guerras civiles, conflictos entre grupos raciales o por pertenencia religiosa, guerras entre tribus, conflictos entre grupos dentro de las ciudades como pandillas, asesinatos y hasta la violencia intrafamiliar. Además se estudia como fenómeno fractal, es decir que es observable a través de milenios, siglos décadas y años. De acuerdo con Pinker, posiblemente, nosotros estemos viviendo en los tiempos más pacíficos de toda la historia de la humanidad. 

Uno de los principales argumentos detractores del crecimiento económico del mundo en los últimos doscientos años es la amplia desigualdad de la distribución de la riqueza. La principal medición para establecer la desigualdad entre países y al interior de éstos es el índice de GINI. Mientras más cercano se encuentre a 1, mayor será la desigualdad. Ahora, el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) mide este coeficiente con base en las tasas de cambio de las monedas de los países para comparar su PIB. 

En el capítulo anterior abordé el problema demográfico en relación con el problema alimentario a escala mundial, demostrando que el temor Malthusiano no está fundamentado  en las tendencias demográficas actuales. En el presente apartado, buscaré explicar los factores asociados al decrecimiento de las tasas de fertilidad en el mundo como un fenómeno emergente, producto de cambios autodirigidos por las sociedades más que planificados. Por supuesto, esto no niega de ninguna manera los esfuerzos de los países y los organismos internacionales en la reducción del tamaño de la población, pero como veremos, la incidencia voluntaria de la especie humana hasta ahora está adquiriendo un significativo grado de control sobre el fenómeno, producto de un mayor entendimiento de éste.

Si bien los problemas de la violencia, la distribución desigual de la riqueza, la desigualdad  de género, la falta de alfabetización en el mundo y el crecimiento demográfico han presentado tendencias favorables, aún constituyen fuertes amenazas para el continuo desarrollo social de la especie humana. Sin embargo, estos no son los únicos problemas que enfrentan las sociedades contemporáneas. A continuación buscaré citar brevemente otros problemas sociales que han ido ganando terreno en la discusión global, pero que aún falta alcanzar un elevado nivel de control y dominio como el que hemos alcanzado en el mundo natural y físico. Cada uno de ellos merece una ampliación mayor, pero debido a los alcances de este estudio -se puede decir exploratorio- me limitaré a enunciarlos. 

Proyecto Continuum

Ensayos sobre el desarrollo de la especie humana.

Juan Pablo Hernandez

Sample Image Comunicador Social y sociólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Ensayista, investigador, científico social. Escéptico e idealista de profesión. Ni optimista, ni pesismista.... posibilista.

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