En el capítulo anterior abordé el problema demográfico en relación con el problema alimentario a escala mundial, demostrando que el temor Malthusiano no está fundamentado  en las tendencias demográficas actuales. En el presente apartado, buscaré explicar los factores asociados al decrecimiento de las tasas de fertilidad en el mundo como un fenómeno emergente, producto de cambios autodirigidos por las sociedades más que planificados. Por supuesto, esto no niega de ninguna manera los esfuerzos de los países y los organismos internacionales en la reducción del tamaño de la población, pero como veremos, la incidencia voluntaria de la especie humana hasta ahora está adquiriendo un significativo grado de control sobre el fenómeno, producto de un mayor entendimiento de éste.

La teoría universalmente reconocida para explicar los cambios poblacionales de las naciones es la transición demográfica. Ésta consiste en un proceso que repite el mismo patrón: primero se reducen las tasas de mortalidad, lo cual provoca un aumento en el tamaño de la población, posteriormente (en pocas décadas) las tasas de natalidad disminuyen, causando una reducción del tamaño de las familias y en estadios avanzados, se presenta un bajo crecimiento demográfico. Francia fue la primera en iniciar este proceso a finales del siglo XVIII, seguido en el siglo XIX por Gran Bretaña y Escandinavia y al resto de Europa a principios de siglo XX. Asia comenzó su transición a principios de los setenta paralelo a América Latina y posteriormente África en los ochenta. Actualmente no existe ningún país en el que las tasas de natalidad sean altas y estén subiendo. (Ridley: 2005; 205).

La discusión sobre la transición demográfica se sitúa en los factores determinantes que la provocan. Pero lo que argumento aquí es que este fenómeno carece de una explicación determinista, en el sentido que la alteración de una variable produzca, como si fuese una ecuación matemática, un resultado ineludible.

La primer variable que reluce al estudiar la transición demográfica es justamente el descenso de las tasas de mortalidad infantil. Mientras mayor probabilidad exista de que los hijos mueran, más bebés buscarán las madres traer al mundo. Garret Hardin y otros ecólogos en la década de los 70 y 80 promovieron desalentar los programas de envío de alimentos y medicinas a los países con hambruna y peste, pues aseguraban que salvar la vida de los niños de los países pobres agravaban el problema demográfico, pero en la realidad sucede lo opuesto. Mientras sea menor la tasa de mortalidad infantil, las mujeres buscarán completar sus familias en lugar de continuar reproduciéndose. Al invertir en la reducción de las causas de mortalidad infantil se promueve la reducción del tamaño de las familias. Los países con mayores tasas de mortalidad infantil cuentan con mujeres que dan a luz a más número de bebés que aquellos en que los niños tienen menor probabilidad de fallecer.  Si embargo, siempre existen excepciones. Birmania cuenta con una tasa de mortalidad infantil dos veces mayor a Guatemala, pero el país asiático presenta la mitad de las tasa de natalidad con respecto al centroamericano. (Ridley: 2005; 207)

Otro factor que incide en el decrecimiento demográfico es el aumento de la riqueza. Las sociedades antes de iniciar la transición demográfica suelen concebir a los hijos como mano de obra y fuente de riqueza. A medida que el ingreso de las familias aumentan, los padres adquieren la capacidad de liberar a sus hijos del trabajo, pasando de ser percibidos como sujetos productivos a ser sujetos que demandan un amplio gasto. De igual manera, se dice que al incrementar la riqueza, las personas buscan aplazar la reproducción al encontrar la posibilidad de costear más lujos. Sin embargo, no se ha demostrado que haya un nivel de ingreso en que las familias empiecen a reducir su tamaño, y en varios países tanto los ricos como los pobres empiezan a disminuir su fecundidad simultáneamente. Y otra vez, se presentan casos que no cumplen con la correlación: Yemen cuenta con el doble de PIB per cápita y tasa de fecundidad que Laos. 

Un tercer factor se suma a la explicación: la urbanización. A medida que las familias dejan el campo, los niños dejan el trabajo y se convierten en sujetos de gasto. Las ciudades ponen en desventaja a las familias numerosas, pues el costo de vida y la vivienda será siempre más costosa que en las zonas rurales, lo que desincentiva a las familias a ampliar su número de hijos. Pero nuevamente países contradicen el patrón: Bangladesh tiene la mitad de la tasa de fecundidad que Nigeria, pero éste cuenta con el doble de población urbana que el primero. 

Otra variable asociada a la transición demográfica es el empoderamiento del género femenino con respecto a su reproducción. Se ha demostrado una alta correlación en el aumento de la educación femenina con el descenso de las tasas de natalidad, lo que ha promovido en diferentes regiones del mundo políticas que buscan la ampliación del acceso educativo a las mujeres. Sin embargo Kenia cuenta con un 90% de las niñas que completan la educación primaria y tiene el doble de fecundidad que Marruecos, donde el 72% concluyen la educación primaria. (Ridley 2005; 208).

Para resumir lo anterior, se puede decir que los países disminuyen sus tasas de natalidad a medida que se hacen más sanos, más ricos, mejor educados, más urbanizados y más emancipados. (Ridley: 2005; 208) Para nosotros es importante resaltar que la transición de las sociedades en el mundo hacia bajas tasas de mortalidad y natalidad en los últimos doscientos años, y particularmente en los últimos 50 años, no es un fenómeno atribuible a la voluntad humana. Ciertamente la creación de agencias de planificación familiar y los recursos destinados a este propósito han contribuido significativamente en regiones como Asia y África, pero esto solo ayuda a continuar y reforzar las predisposiciones de las familias a la reducción de su tamaño, no la provocan. Durante los siglos XIX y principios del XX los países europeos atravesaron el proceso de transición demográfica sin que hubiese existido un impulso por los gobiernos, incluso sin que se tuviera conocimiento en el momento. Del mismo modo sucedió en América Latina, donde se presentó sin impulsos de agencias gubernamentales de planificación familiar. En el caso Chino, la política del hijo único que rigió a partir de 1955 forzó el decrecimiento del tamaño de las familias de 5,59 a 1,73 hijos, muy similar a Sri Lanka, que sin política alguna, las familias voluntariamente pasaron de tener 5,7 a 1,8 hijos en promedio (Ridley: 2005; 206). 

Lo anterior nos permite definir a la transición demográfica como un proceso producto de la determinación propia de los agentes locales dadas ciertas condiciones de posibilidad sociales y económicas. No se puede pensar en ella como un fenómeno dirigido por los gobiernos o instituciones religiosas, sino que comporta una propiedad que mencionamos en el primer capítulo; sucede de abajo hacia arriba y no a la inversa, es emergente y autodirigido. Ha sido un proceso de ajuste con respecto a la capacidad de abastecimiento de la tierra sin que haya intervenido ningún tipo de organizador central. 

Ciertamente la disminución en las tasas de crecimiento demográfico de los países es una noticia positiva para el futuro desarrollo social de la humanidad y particularmente en su relación medioambiental. La acumulación de conocimiento sobre este fenómeno empieza a dotar de mayor capacidad a las sociedades humanas para intervenir en él. Más adelante ahondaré en este punto.

1 comentario

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.

Proyecto Continuum

Ensayos sobre el desarrollo de la especie humana.

Juan Pablo Hernandez

Sample Image Comunicador Social y sociólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Ensayista, investigador, científico social. Escéptico e idealista de profesión. Ni optimista, ni pesismista.... posibilista.

REGÍSTRESE AL NEWSLETTERS

Permita que la información lo busque a usted inmediatamente.

NO ES SUFICIENTE. QUISIERA SEGUIR INFORMADO? SÍGAME EN...