Es como si miles de personas, primero, luego millones y finalmente más y más millones andaran por este mundo con los pies y las manos atados a los demás por ataduras invisibles. Nadie guía ese andar. Nadie queda fuera de él. Algunos quieren ir hacia allí, otros hacia allá. Caen unos sobre otros, y vencedores y vencidos siguen encadenados entre sí. Nadie puede dirigir los movimientos del todo; esto solo sería posible si una gran parte de ellos fueran capaces de comprender, como si lo contemplaran desde fuera, el gran cuadro global que forman todos juntos. 

Norbert Elias

“De lo que proponemos antes que nada al estudiar la realidad, no se deduce que nosotros renunciemos a mejorarla, estimamos que nuestras investigaciones no merecen ni una hora de pena si ellas solo tuviesen un interés especulativo. Si separamos con cuidado los problemas teóricos de los prácticos, no es para desatender estos últimos: es por el contrario, para prepararnos mejor para resolverlos”

Émile Durkheim

El grado de conocimiento que la especie humana acumula colectivamente está directamente relacionada con su capacidad de adaptación, modificación y transformación tanto del mundo físico como del mundo social construido por él. Como he tratado de demostrarlo, es constatable un amplio desfase entre el grado de conocimiento adquirido de los factores extrahumanos con respecto al conocimiento acumulado de los factores humanos. 

Conocemos los principios de organización de la materia en el universo -por ejemplo con los avances investigados en el acelerador de hadriones (CERN)- de las subdivisiones de la materia en partículas subatómicas, de la dieta de los dinosaurios que vivieron hace millones de años, del control genético de las especies, de galaxias, agujeros negros y nanotecnología, pero carecemos de conocimiento y herramientas sobre la manera de crear un mundo pacífico, sin pobreza, igualitario, un sistema judicial eficiente o desarrollar una economía sostenible a largo plazo.  

En el siguiente apartado tomo como eje central las categorías de compromiso y distanciamiento elaboradas por el sociólogo Norbert Elias, sobre las cuales cimienta su comprensión sobre las disposiciones cognitivas desarrolladas en el proceso de la civilización de la especie para el conocimiento de las fuerzas de la naturaleza y sobre los factores humanos. De igual manera me valdré de los postulados de Gunter Dux que se encuentran anclados en mi perspectiva del desarrollo de la especie humana. 

El interés primordial de dichos investigadores es la reconstrucción del proceso de antropologización atado al proceso de evolución natural, sitúandose fundamentalmente en el estudio de las estructuras cognitivas en su evolución filogenética17 en relación con los procesos históricos. La principal tesis de estos autores -aunque desarrollada de manera más explícita en Gunter Dux- es que el desarrollo de las estructuras cognitivas de los seres humanos se da en el proceso ontogenético18 y que la secuencia de las etapas de desarrollo se corresponden con las etapas cognitivas del desarrollo histórico de la civilización humana. Es decir que todo ser humano desarrolla las estructuras cognitivas en la ontogénesis temprana y debe atravesar nuevamente el recorrido por los estadios cognitivos que la civilización humana ha superado, hasta el estado actual que su sociedad haya desarrollado sobre el mundo natural, social y del yo-interior. 

En términos menos técnicos, la manera como los miembros individuales de un grupo experimentan todo lo que afecta a sus sentidos, el significado que atribuyen a sus percepeciones sensoriales, depende de la forma estándar del saber que la sociedad a la que pertenecen ha alcanzado a lo largo de su evolución. (Elias: 1990: Pp. 13) En las sociedades tempranas, la lógica de relación con la naturaleza es subjetivista y voluntarista, es decir que el mundo se plantea inicialmente como proyección del sujeto y simultáneamente se asume que existe una voluntad subyacente detrás de todo fenómeno. Un ejemplo empírico de ello lo podemos observar en los niños. Cuando ellos se golpean con un objeto, frecuentemente devuelven el ataque al objeto, suponiendo que detrás de la acción hay una voluntad oculta. En las sociedades tempranas, los individuos permanecían atados a esta lógica, asegurando que detrás del relámpago, la marea, el sol o la luna se escondían voluntades que actuaban conforme a sus vidas cotidianas. Un individuo contemporáneo por su parte atraviesa esta fase del desarrollo cognitivo hasta el estado actual de conocimiento de su sociedad, hasta comprender que las enfermedades o los fenómenos climáticos son el resultado de una sucesión completamente ciega de fenómenos biológicos y físicos y no una consecuencia del actuar, consciente o inconsciente, de personas, dioses o espíritus.(Elias: 1990; 17) 

En el proceso de la civilización tuvo que desarrollarse un cambio cognitivo con respecto a los fenómenos naturales, despojando de su comprensión las visiones fuertemente egocéntricas y cargadas emocionalmente, para así adquirir mayor dominio y control de estos factores.19 Este proceso que se ha impuesto en las sociedades humanas fue construido lentamente en la historia de la civilización y le ha permitido ganar mayores beneficios y satisfacciones que consecuentemente le han garantizado mayores seguridades con respecto al mundo físico y natural. Como he dicho, este proceso de emancipación de la percepción subjetivista y voluntarista del mundo natural se traduce de la misma manera en el proceso ontogenético de los individuos. Se establece entonces que el margen de variaciones individuales del distanciamiento está supeditado a los patrones sociales del distanciamiento.

Cuando nos referimos a distanciamiento en sociología del conocimiento, se establece un criterio de  grado en cuanto a la emancipación de cierto tipo específico de valores con respecto a la construcción de cualquier campo de conocimiento. En particular con el desarrollo de conocimiento científico se señala que el proceso histórico ha demostrado un mayor grado de distanciamiento en las ciencias de la naturaleza -no humana-, mientras que el grado de distanciamiento en las ciencias sociales no se ha desarrollado en una similar intensidad. Con esto no se quiere decir que las investigaciones en el campo de la naturaleza estén exentos de valoraciones, sino que éstas no se hallan determinados por puntos de vista extracientíficos, es decir que cuentan con un mayor grado de autonomía frente a los intereses a corto plazo y necesidades de personas o grupos determinados, así como el punto de vista, egocentrista de los propios científicos, de las cuestiones cotidianas personales o sociales. Las ciencias sociales, por su relativamente reciente aparición histórica, y por los retos epistemológicos que plantea20 ha estado sujeta a la intromisión de valoraciones extrínsecas o heterónomas a su propia labor científica (Elias: 1990). 

Sumado a ello, la mayor parte de los científicos naturales buscan medios para satisfacer las necesidades humanas y soluciones a problemas potencialmente importantes para personas de todas las sociedades. Las ciencias sociales por su parte, han tenido mayores dificultades para generar conocimiento distanciado sobre los problemas que genera la propia humanidad. Si ocurre una amenaza de un virus pandémico, el mundo y los científicos naturales tienden a unir sus esfuerzos y trabajan mancomunadamente para resolver la crisis21. En el caso de un conflicto bélico, los científicos sociales tienen un menor grado de integración entre sí, tienen menor grado de conocimiento distanciado del fenómeno y tienden a estar alejados de las tomas de decisiones. El grado de control de los factores humanos sigue siendo mínima con respecto al grado de control de los factores naturales. 

El mayor grado de distanciamiento sobre los factores naturales y físicos nos permite comprender sus fenómenos bajo su propia lógica, mientras que la capacidad de conocimiento sobre los factores humanos parece seguir fuertemente atada a las lógicas voluntaristas y subjetivistas. Si bien en las ciencias sociales existen grandes avances, la mayor parte de la sociedad aún piensa que detrás de todo fenómeno social existe una voluntad subyacente, una intención que dirige y regula todos los procesos, y por tanto la comprensión de todo fenómeno social suele estar acompañada de la búsqueda y señalamiento de un culpable. 

Es importante comprender que para poder conocer y consecuentemente lograr mayor dominio sobre los factores humanos, es imprescindible que se adquiera una perspectiva distante, mediante el abandono de la perspectiva absolutista y subjetivista para la comprensión de los acontecimientos, en la cual debemos aceptar la ausencia del voluntarismo y reconocer que el carácter de las estructuras y transformaciones del conjunto de interrelaciones humanas crea un orden emergente, provocado por seres humanos pero planeado por ninguno. 

De esta manera, coincido con Norbert Elias -al sugerir principios sistémicos en la lógica procesual- al afirmar que no hay motivo ni evidencia para asumir que los datos sociales, las relaciones interpersonales, sean menos accesibles a la comprensión humana que las relaciones planteadas entre fenómenos no humanos. Tampoco existe ninguna base para suponer que el intelecto humano sea en sí mismo inadecuado para la tarea de desarrollar teorías y métodos de estudio de datos sociales tan capaces como los alcanzados en el estudio de los datos físicos. (Elias: 1990: Pp 23). Posteriormente ampliaré este punto en el último capítulo.

Si buscamos encontrar soluciones estructurales debemos superar dichas limitaciones cognitivas y las disposiciones sociales que impiden una aproximación distanciada sobre nosotros mismos, sobre nuestro sistema social y así poder acceder a un conocimiento más aproximado a la realidad que nos permita aunar esfuerzos, de la manera más eficiente, contra los males y deficiencias de nuestro sistema humano de relaciones. Si tomamos a las ciencias sociales como el bucle de retroalimentación del sistema social, lo que encontramos es que hay barreras cognitivas/epistemológicas que impiden una mejor comprensión de la complejidad del sistema sobre sí mismo, y por ello mi propuesta apunta a que las ciencias desarrollen teorías y métodos que limpien y depuren dicho bucle para poder acceder de mejor manera a la realidad social.  

Para ello -como defenderé posteriormente- la aproximación a los fenómenos sociales debe estar despojada de valores extrínsecos a la propia labor científica. Debe procurar una posición desideologizada sobre el mundo de las relaciones humanas, debe deconstruir los mitos que impregnan su comprensión; desde las creencias de las razas superiores, el control mundial por una élite religiosa o la creencia de que la especie humana es una plaga para la biosfera, hasta desvirtuar todo tipo de adscripción emotiva a cuerpos doctrinarios como la izquierda y la derecha, que elevan al mercado como la panacea a nuestros problemas o al estado como redentor a nuestras vicisitudes. Como he buscado demostrar aquí, la realidad es mucho más compleja, donde todo tipo de mitología social esconde e ignora las dimensiones causales del entramado sistémico que encierra un fenómeno social. Aproximarnos de manera distanciada colectivamente, ciertamente puede dotarnos de un grado significativamente mayor para el dominio de los factores sociales del que poseemos actualmente. 

Tenemos que desligarnos de las perspectivas voluntaristas y subjetivistas que creemos dominan el sistema de relaciones humanas para que paulatinamente, de manera descentralizada la especie vaya construyendo esta capacidad voluntaria de dirigir su relación con el medio ambiente, su orden social y su propia vida. 

Por supuesto un proceso de esta envergadura debe reconocerse en sus limitaciones, pues ciertamente no puede ser dirigido a voluntad. No obstante, esta capacidad de distanciamiento del conocimiento social, emparentado con el desarrollo de la habilidad de las sociedades humanas para adaptarse, modificar y transformar su propio sistema para beneficio propio puede ser catalizado desde su interior, pero claro, es un proceso que se da lenta y paulatinamente. 

Hemos hablado hasta ahora en términos generales del desarrollo material y social de la humanidad, sin embargo, aún falta incluir un aspecto de la realidad humana que complete la mirada multidimensional del progreso de la especie; el individuo mismo. Partimos de una sospecha generalizada; ¿De qué nos sirve la prosperidad material y un mayor control sobre la desigualdad o el crecimiento demográfico si los individuos están cada vez más expuestos a afrontar crisis de su seguridad ontológica, si las personas son más infelices, si están sometidos al miedo, a la angustia, la depresión, la ira, la envidia, el rencor o si no se tiene la capacidad de mantener buenas relaciones personales? 

Partiendo de que la capacidad cognitiva/epistemológica del distanciamiento supone un mayor grado de dominio sobre las fuerzas de la naturaleza y los fenómenos sociales, cabe preguntarse ¿Qué tanto conocimiento, dominio y control tienen los individuos sobre sí mismos? 

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Proyecto Continuum

Ensayos sobre el desarrollo de la especie humana.

Juan Pablo Hernandez

Sample Image Comunicador Social y sociólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Ensayista, investigador, científico social. Escéptico e idealista de profesión. Ni optimista, ni pesismista.... posibilista.

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