Por supuesto, el valor más importante para analizar del bienestar humano es la vida misma. Cuando analizamos la expectativa de vida al nacer de toda la humanidad a lo largo del proceso de la civilización, nos damos cuenta que la mayor parte del mundo no ha superado los 30 años. De acuerdo con investigaciones arqueológicas se sabe que un ciudadano promedio del imperio romano se esperaba que viviera tan solo 22 años. Para 1400, un niño al nacer tenía una expectativa de vida al nacer entre los 20 y 30 años. (Lomborg: 2001: Pg 50)

Para inicios del siglo XIX, tan solo Inglaterra y Noruega excedían una expectativa de vida superior a los 40 años. A mediados de siglo, pocos países superaban la cuarta década con Canadá seguido apenas por Estados Unidos. La mayor parte del mundo se concentraba en el promedio de 30 a 39 años y grandes poblaciones como India y China se encontraban por debajo de los 25 años. Al iniciar el siglo XX, la mayoría de los denominados países en desarrollo contaban con la expectativa de vida europea en la edad media.

A pesar de que la población mundial a partir del año 1800 se ha multiplicado por seis, todos los países del mundo, sin excepción, han aumentado su expectativa de vida, donde la mayoría ha logrado duplicarla y en algunos casos triplicarla. En 1950, la expectativa de vida del mundo en vía de desarrollo ascendió a 41 años, alcanzando niveles superiores a la mayoría de los países europeos durante el siglo XIX. Para 1998, el “tercer mundo” alcanzó los 65 años, superando el promedio de Europa y Norteamérica durante la década de 1940. China, que tenía una expectativa de vida inferior a los 25 años en 1930 pasa a esperar 73 años de vida en 2010, lo que implica una triplicación de su expectativa de vida en tan solo dos generaciones. 3 

El país africano Chad cuenta hoy con la menor expectativa de vida en el mundo con 49 años4, superior incluso al máximo alcanzado por los países más avanzados en el siglo XIX. En Colombia a inicios de siglo se contaba con una expectativa de vida que bordeaba los 30 años, para el 2012 contamos con una expectativa de 74 años. Hoy, la expectativa de vida de una mujer en Japón, logra el más alto índice con 87 años de acuerdo con las naciones Unidas, y una mujer en Monaco tiene una expectativa al nacer en promedio de 94 años de acuerdo con el CIA Factbook. 

El caso particular del África subsahariana demuestra una significativa disminución de su expectativa de vida a partir de la década de los 90 debido a la epidemia del VIH, puesto que esta región concentra el 70% de la población mundial infectada con este virus y dado que ataca principalmente a la población joven. No obstante, las naciones han presentado mejorías durante los últimos años revelando que la epidemia ha desacelerado el proceso de aumento de la expectativa de vida y de ninguna manera la ha revertido.  

La principal causa del significativo aumento de la expectativa de vida en el mundo se debe al dramático descenso de la mortalidad infantil. Históricamente, los niños fallecían entre 2 y 3 de cada 5 en el continente europeo hasta antes del siglo XIX. En 1940, India contaba con una tasa de mortalidad infantil de 260 niños por cada mil habitantes, es decir que cada 1 de cada 5 niños nacidos aproximadamente fallecía antes de los 5 años. Hoy se ha reducido más de seis veces cayendo hasta 63 niños por cada 1000 nacidos. Colombia inicia su estadística en 1950 sobre mortalidad infantil con una tasa de 124 muertes infantiles cada mil habitantes. Para el año 2012 es inferior a 16 por cada mil habitantes, lo que representa una reducción de 8 veces la tasa en 60 años. La tasa de mortalidad infantil en Nepal hoy es menor a la de Italia en 1951, la de Namibia se ha reducido tres veces desde 1962. (Ridley: 2010; 26) Así, se podrían nombrar los casos de todos los países, constatando que sin excepción alguna en todo el planeta y todas las sociedades, se ha presentado un decrecimiento de las tasas de mortalidad infantil. 

Sin duda alguna el aumento de la expectativa de vida y la disminución de la tasa de mortalidad infantil representan uno de los más asombrosos avances, sin precedentes de la especie humana en los últimos doscientos años. 

A continuación presento los gráficos arrojados en el Gapminder Desktop. En el eje Y tenemos la expectativa de vida, desde los 15 a los 80 años. En el eje X se encuentra la mortalidad infantil por cada 1000 neonatos entre los 0 y los 5 años. Cada esfera en la gráfica representa un país, y su tamaño es proporcional al tamaño de su población. El color de las esferas representa la región del mundo. Las pelotas color naranja son los países europeos, el continente americano es amarillo, Oceanía, China y el sudeste asiático es rojo, el azul claro representa el resto de Asia, África subsahariana es azul oscuro y África septentrional es verde. El número sobre la gráfica representa el año de la muestra estadística. 

Para observar de forma general el progreso de la salud de la especie humana, podríamos decir que en la esquina inferior derecha se sitúan los países menos saludables. A medida que las esferas se acercan a la esquina superior izquierda, las personas de estos países viven por más tiempo, los hijos fallecen menos y en general sus nacionales son más saludables. Como lo demuestran las gráficas, el avance es verdaderamente sorprendente, teniendo en cuenta que la mayor parte de la civilización humana, todos los países han permanecido en la moribunda y agonizante esquina inferior derecha. 

 

Tendencias en expectativa de vida y mortalidad infantil por países en el siglo XX.

Fuente: Gapminder Desktop. 2012

Para principios de siglo XX, tan solo unos pocos países, principalmente europeos, Australia y Canadá contaban con medición estadística sobre sus tasas de mortalidad infantil. Siendo países que iniciaron tempranamente su industrialización e iniciaron con anterioridad al resto del mundo políticas de salud pública, se deduce que la mayor parte de la población mundial se encuentra por debajo de su promedio. Cabe resaltar que la mayoría se mantiene por debajo de los 45 años en su expectativa de vida y alrededor de los 250-300 niños fallecidos por cada 1000. 

En las primeras décadas, muchos otros países se suman a tomar registro estadístico de la mortalidad de sus neonatos. La gran esfera azul es India, con una muy baja expectativa de vida y con aproximadamente 2 de cada 5 niños fallecidos antes de los 5 años. A pesar de un fuerte retroceso de los países europeos en los años posteriores a la primer guerra mundial, la mayoría han incrementado sus expectativas de vida superandolos 45 años y empiezan a reducir sus tasas de mortalidad infantil. El continente americano en particular sigue por debajo de los 40 años con excepción de Estados Unidos y Canadá. 

Fuente: Gapminder Desktop. 2012 

Tan solo veinticinco años después, el continente americano sobrepasa la expectativa de vida de los 50 años y comienza a reducir significativamente sus tasas de mortalidad infantil. Los países europeos continúan su camino ascendente hacia sociedades más saludables mientras que China hace su aparición estadística con una mayor tasa de mortalidad infantil, pero con una ligera superioridad en expectativa de vida que la de India, muy cercanos a los pequeños balones azules de Liberia, Senegal y Suazilandia. 

Para 1980, la velocidad en que los países avanzan es superior a la registrada anteriormente. China e India, que concentraban aproximadamente el 40% de la población mundial, súbitamente aumentan sus expectativas de vida por 25 y 20 años, a la par que reducen sus tasas de mortalidad infantil -anteriormente alrededor de los 300 niños de cada 1000-, descienden a ser menores a 100 y 200 respectivamente. La mayor parte de centroamérica y suramérica disminuyen sus tasas de mortalidad infantil a menos de 100. Por su parte, la inmensa mayoría de europeos viven por encima de los 65 años y al tiempo que mantienen constante su trayectoria reduciendo las tasas de mortalidad infantil por debajo de los 40 neonatos. El continente africano presenta una alta desigualdad de sus tasas frente a la región septentrional y la subsahariana, esta última rezagada con respecto al resto del mundo. 

Fuente: Gapminder Desktop. 2012

Algunos países europeos, como Noruega, Suiza, España, Italia, Islandia, Francia y Suecia entre otros, junto a países asiáticos como Japón o Singapur y de oceanía Australia y Nueva Zelanda, han alcanzado superar el histórico récord de contar con una expectativa de vida al nacer superior a los 80 años. 

A pesar de que África subsahariana fuese la región más rezagada en la tendencia de mejorar la salud de sus habitantes y a pesar de sufrir una devastadora crisis debido a la pandemia del VIH, todos los países han continuado el aumento de su expectativa de vida y a disminuir su mortalidad infantil. Debido al reciente conflicto bélico, Afganistán resulta situado en la posición más baja de expectativa de vida, acompañando a los países africanos con la mayor tasa de mortalidad infantil en el mundo; 1 de cada 5 niños fallece. El promedio de la mortalidad infantil a nivel mundial para el periodo de 1950-1955 era de 129 niños por cada mil neonatos y para el año 2010 descendió a 33 infantes de cada mil. 

Ciertamente el promedio sería arbitrario, si tan solo unas naciones hubieran mejorado más de lo que otras naciones hubieran empeorado la salud de sus habitantes. Esto significaría que unos países elevan el promedio mientras que otras mantienen igual o aumentan la mortalidad infantil en sus países. Sin embargo, la evidencia nos demuestra que no hay ninguna nación sobre este planeta que no haya mejorado la salud de sus habitantes en los últimos doscientos, cien, cincuenta y treinta años. 

Las causas que se establecen para este importante aumento en nuestra salud son tres principalmente. En primer lugar, se han incrementado los estándares de vida desde finales del siglo XVIII que aseguran mejor alimentación, vestido y vivienda, y por consiguiente se ha desarrollado una mayor resistencia a la enfermedad. 5 En segundo lugar, ha mejorado la higiene pública, con mayor abastecimiento de agua potable, mejores sumideros y mejor tratamiento de residuos, sumado a una mayor educación en higiene, una preocupación general por el desarrollo de políticas de salud pública y medidas de cuarentena que ayudaron a suprimir infecciones. 

Y finalmente, se ha presentado un avance en la terapia médica durante el siglo XX que ha provisto un gran número de tecnologías y conocimientos para combatir la enfermedad. En los últimos doscientos años hemos visto reducir las tasas de mortalidad e incrementar la expectativa de vida gracias al control y al manejo de la incidencia de enfermedades infecciosas. (Lomborg 2001: 55)

Lo anterior demuestra que hemos expandido nuestra expectativa de vida y que vivimos más, sin embargo, un crítica que se expresa rápidamente levanta la interrogante sobre la calidad de nuestra salud durante el tiempo que extendemos de vida, pues si sufrimos y padecemos de más enfermedades de nada valdría aumentar nuestro tiempo de vida.

En los últimos dos siglos se ha presentado el fenómeno conocido como transición epidemiológica, en el cual se establecen diferentes estadios que una sociedad atraviesa en sus tasas de mortalidad. En el primer estadio se presentan unas altas tasas de mortalidad debido a las condiciones asociadas a la hambruna y a la peste. En ella se clasifica la mayor parte de la historia humana. En un segundo estadio, llamada la edad de las pandemias retraídas, las crisis de mortalidad se vuelven menos frecuentes y tienden a desaparecer, siendo las enfermedades infecciosas las más frecuentes. Europa inicia más tempranamente este periodo y a lo largo del siglo XX se empieza a extender hacia todo el globo. 

Finalmente, en la tercera etapa de la transición se dan las enfermedades degenerativas y las producidas por el hombre, asociadas con el estilo de vida, por la contaminación ambiental o la falta de prevención ante enfermedades de transmisión sexual por ejemplo. En esta etapa, las tasas de mortalidad continúan decreciendo. 

Debido a que la medicina, la higiene, y los estándares de la vida en occidente derrotaron las enfermedades infecciosas, las personas hoy son mucho menos propensas a morir por tosferina, tuberculosis, malaria, difteria, tifus, tifoidea, sarampión, viruela, escorbuto, o poliomelitis por ejemplo, pero son más propensas a fallecer por enfermedades asociadas con la vejez como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. (Armstrong et al: 1999:61) 

Si bien la mortalidad de cáncer se ha incrementado en Estados Unidos y Gran Bretaña por ejemplo, no se debe a que estemos más “expuestos” al cáncer, sino porque esta enfermedad ocurre más en personas de la tercera edad y solo por esta razón se espera a que más personas mueran de ella a medida que envejecen más. 

A pesar de esto, la evidencia sugiere que a medida que extendemos la expectativa de vida padecemos de menos enfermedades por menor tiempo. Los países en África subsahariana no solo cuentan con la menor expectativa de vida, sino que a su vez cuentan con el mayor porcentaje de tiempo que gastan padeciendo incapacitados por enfermedad. Mientras que las demás naciones contamos con un promedio de expectativa de vida alrededor de los 77 años, solo el 8% de nuestra vida corresponde al tiempo que padecemos incapacidad por enfermedad, los países del África subsahariana atraviesan un 15% de su tiempo de vida en enfermedad. (Lomborg; 2001 pg 58) Esto indica que a medida que las naciones extienden sus expectativas de vida, reduciendo las tasas de mortalidad infantil y asociadas a muertes infecciosas, mejoran simultáneamente su estado de salud general a lo largo de ella. 

La evidencia señala que las sociedades contemporáneas son mucho más conscientes de la enfermedad, tanto en términos de salud pública como a nivel individual, y que la profesión médica se ha vuelto mucho más específica en el descubrimiento y tratamiento de nuevas enfermedades que personas y sociedades en épocas pasadas. 

Como lo hemos visto, la tendencia a la erradicación de enfermedades infecciosas y a continuar la disminución en las tasas de mortalidad de la población de todas las naciones se mantiene constante en su dirección vectorial, incluso a pesar de ciertos retrocesos como la epidemia del VIH en África subsahariana mencionado párrafos arriba. 

Sin lugar a duda, se puede decir que la especie humana ha mejorado dramáticamente las condiciones de salud a lo largo de los últimos doscientos años. La humanidad ha logrado vivir más del doble tanto en los países “desarrollados” como los países en vía de desarrollo, la mortalidad infantil ha decrecido más del 50% y vivimos más saludables y menos enfermos que nunca antes. Si bien las condiciones de vida hoy en cuestiones de salud aún distan mucho de ser perfectas, pues persisten ingentes problemas en la inmensa mayoría de los países del mundo, debe decirse que la vida y la salud en este planeta son las mejores alcanzadas por la historia de la civilización humana. 

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Proyecto Continuum

Ensayos sobre el desarrollo de la especie humana.

Juan Pablo Hernandez

Sample Image Comunicador Social y sociólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Ensayista, investigador, científico social. Escéptico e idealista de profesión. Ni optimista, ni pesismista.... posibilista.

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